El estudio del tiroides se basa en dos tipos de pruebas: Las que informan sobre su actividad funcional, estudios funcionales, y las que dan información sobre el tamaño, forma, configuración y estructura anatómica de la glándula, presencia o no de nodularidad, etc. que constituyen los estudios morfológicos.
La información sobre la actividad funcional de la glándula se recoge fundamentalmente por las pruebas analíticas, el estudio de la morfología se realiza por las técnicas de diagnostico por imagen.
A) ESTUDIOS FUNCIONALES
Son aquellos que permiten una aproximación al conocimiento de la actividad funcional de la glándula. Su validez y su utilidad están condicionadas a su posibilidad de cuantificar el grado de alteración tiroidea,.
En el estudio del tiroides, no se ha dispuesto de técnicas con valor cuantitativo hasta hace no demasiado tiempo.
La posibilidad de disponer de I-131 con relativa facilidad y equipos de medición, permitió entre 1955 y 1960 realizar los primeros estudios cuantitativos de la función tiroidea mediante lo que se denominó curva de captación.
La prueba en esencia consistía en medir el porcentaje de una dosis conocidas de I-131 que se fijaba en el tiroides en unos intervalos de tiempo determinados, generalmente 2,6 y 24 horas.
La prueba resultaba válida con muchos condicionantes para el diagnostico inicial de las alteraciones tiroideas, pero su utilidad para el seguimiento de la enfermedad durante el tratamiento era nulo.

Esquema del equipo utilizado por Stambury y cols. en los estudios de Bocio Endémico en la provincia de Mendoza (Argentina)
La posibilidad de detectar los niveles de hormonas tiroideas y TSH en sangre arrinconó, salvo para algunos casos muy especiales, los estudios de captación. El progreso en este sentido ha sido extraordinario, al introducirse técnicas que permiten la detección de estas hormonas cada vez con mayor precisión y sensibilidad y por métodos que no requieren el uso de los trazadores radiactivos, siempre engorrosos por las limitaciones que legislación impone en su empleo.
Las valoraciones que se solicitan de forma rutinaria son la T4 (Tiroxina), T3 (Triyodotironina), y T4-Libre, que junto con la TSH constituyen lo que denominamos Perfil Hormonal Tiroideo.
Aunque no pueden considerarse como pruebas de función tiroidea, la valoración de Anticuerpos Antitiroideos (Antimicrosomiales y Antitiroglobulina), se ha incorporado a la analítica que habitualmente se pide al paciente con problemas de tiroides.
Son todos estudios analíticos que se solicitan de forma rutinaria, bien conocidos en los que se basa actualmente el diagnostico y el control del tratamiento de las enfermedades tiroideas.
B) ESTUDIOS MORFOLOGICOS
Denominamos estudios morfológicos a aquellos que nos permiten conocer las dimensiones, forma y configuración del tiroides, a ser posible, tanto en su configuración externa y global, como en su estructura interna.
Son básicamente estudios de Diagnostico por Imagen, la Gammagrafia y la Ecografía, y dado que son excepcionales los centros que tienen integrada en el Departamento de Imagen la Medicina Nuclear; ambos estudios, cuando se solicitan, se realizan independientemente el uno del otro.
Aunque esta Monografía esta dedicada a la Ecografía, tratamos con cierto detenimiento la Gammagrafia, ya que en muchas ocasiones ambos estudios deben de ser valorados conjuntamente para obtener de cada uno de ellos su plena capacidad informativa.
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